Nuestra Misión

Hacer de cada persona un creyente en Dios, de cada creyente un discípulo de Cristo, y de cada discípulo un obrero del Reino, capacitado, restaurado y enviado bajo el poder del Espíritu Santo.

Nuestra Visión

Ver vidas y familias restauradas por la gracia de Cristo; discipular creyentes con carácter, revelación y fundamento bíblico; y enviar ministros maduros y llenos del Espíritu Santo.

La Ruta de Nuestra Visión

Evangelizar

Llevar el mensaje de salvación a toda persona, anunciando el Evangelio de Jesucristo con amor y poder.

Restaurar

Sanar vidas y familias por medio de la Palabra y la obra del Espíritu Santo, trayendo esperanza y renovación.

Discipular

Formar y fortalecer a los creyentes en la fe, guiándolos a crecer en carácter, servicio y conocimiento de Dios.

Enviar

Enviar obreros a cumplir la Gran Comisión, extendiendo el Reino de Dios en Colombia y las naciones.

❤️ Nuestros Valores

Nuestros valores expresan quiénes somos, cómo caminamos y hacia dónde avanzamos en Cristo. En ellos se sostiene nuestra cultura espiritual, nuestro servicio y nuestro propósito: restaurar, discipular y enviar para la gloria de Dios.

Caminamos bajo la gracia de Dios, recibiendo y extendiendo amor, perdón y misericordia, entendiendo que todos estamos en proceso de transformación.

Vivimos con un corazón sincero y una vida coherente, permitiendo que Cristo transforme nuestro interior y se refleje en nuestras decisiones y conductas.

Reconocemos nuestra necesidad constante de Dios y de los demás, manteniendo una actitud enseñable, dispuesta a recibir corrección y crecimiento.

Cultivamos relaciones fraternas sanas, caracterizadas por el cuidado, la cercanía y la edificación mutua dentro del cuerpo de Cristo.

Servimos con un corazón dispuesto y compasivo, entendiendo el ministerio como una oportunidad para amar, acompañar y edificar a otros.

Honramos las relaciones, los procesos y la visión que Dios nos ha confiado, permaneciendo fieles en amor, respeto y compromiso mutuo.

Caminamos juntos como un solo cuerpo, valorando la diversidad y resolviendo las diferencias con amor, respeto y espíritu de reconciliación.

Permitimos que el amor de Dios sea la motivación principal de todo lo que hacemos, reflejándolo en nuestras palabras, actitudes y acciones.

Permanecemos firmes y constantes en nuestro caminar con Dios, en los compromisos adquiridos y en los procesos que Él está formando en nosotros.

Honramos a Dios dando lo mejor de nosotros, sirviendo con responsabilidad, diligencia y cuidado, aun en medio de nuestros procesos personales.

Promovemos relaciones basadas en la verdad y la apertura, donde podemos compartir nuestras luchas y debilidades con libertad, sin temor al juicio, caminando juntos hacia la sanidad y la restauración.

Buscamos una vida apartada para Dios, no desde la perfección, sino desde un deseo sincero de agradarle, permitiendo que Él transforme nuestro carácter día a día.