Nos alegra que estés aquí. No necesitas tener todo resuelto ni conocer palabras especiales: solo un corazón dispuesto a conocer a Jesús.
Dios te creó a su imagen y desea tener una relación personal contigo. El pecado y las circunstancias de la vida nos alejaron de Él, pero su amor no se rindió: envió a Jesucristo para pagar en la cruz el precio de nuestros errores y abrirnos el camino de regreso.
Cuando reconoces tu necesidad, te arrepientes de corazón y recibes a Jesús como tu Señor y Salvador, recibes perdón, una identidad nueva y la vida eterna. No es una religión más: es volver a casa, a los brazos del Padre.
Hoy puedes dar ese paso. Si quieres, puedes decirle a Dios con tus propias palabras algo así:
«Jesús, reconozco que te necesito. Perdona mis pecados. Creo que moriste por mí y que resucitaste. Hoy te recibo como mi Señor y Salvador. Haz de mí una nueva persona. Amén.»
Una relación crece cuando se cultiva. Estos tres pasos te ayudan a echar raíces desde el primer día.
Orar es conversar con tu Padre: cuéntale lo que vives, agradécele y escucha. No necesitas fórmulas, solo sinceridad.
La Palabra de Dios alimenta tu fe y te muestra su voluntad. Empieza por el Evangelio de Juan, un capítulo al día.
La fe crece mejor acompañada. Conéctate con una de nuestras iglesias asociadas o con una iglesia cristiana cerca de ti.